Limay Medio Fly Shop

Pesca con Belly Boat

Hoy por hoy, los flotadores de pesca han conseguido una difusión internacional y han obtenido el reconocimiento y la aprobación de miles de pescadores en todo el mundo, especialmente de los aficcionados a la pesca con mosca y, más en concreto, de todos los seguidores de tres de los peces deportivos por excelencia: la trucha, el lucio y el black bass. No obstante, como se preveía, la pesca desde el flotador no terminó siendo patrimonio exclusivo de los aficcionados a estas especies, sino que se hizo extensiva a otros peces como la carpa, el barbo y, en teoría, a todos los que pueden pescarse desde embarcación.

 

     En apariencia, los flotadores nacieron con la intención de acercar a los pescadores, con la máxima discreción, a todos esos peces que nadan más allá de sus cortos lances con mosca, pero acabaron distinguiéndose además por estas otras virtudes: la versatilidad, la sencillez, la comodidad, la ligereza, la inocuidad, la economía y la deportividad que confiere su uso. También, por la especial sensación de integración en el medio acuático que produce en el usuario, el cual afronta la acción de pesca desde una nueva dimensión, casi al ras de la película superficial. Ese es el principal motivo por el que esta modalidad es muy practicada con el black bass, cuaya pesca en superficie es particularmente intensa y emocionante. ¿Los inconvenientes?. Es una modalidad que exige un buen tono físico y unas piernas capaces de trabajar a destajo. Aún así, los desplazamientos son muy lentos, hacia atrás y limitados por la vegetación subacuática, que a veces puede mostrarse como un serio impedimento. El lanzado de la mosca, aismismo, es algo más incómodo, especialmente a largas distancias. En todo caso, comparados con sus ventajas, son sólo males menores que no le restan eficacia en absoluto. ¿La seguridad?. Es mayor de lo que suele imaginar el profano. Estas cámaras neumáticas, de gran consistencia, son difíciles de pinchar en condiciones normales, y en casi todos los modelos suelen ir auxiliadas por otra u otras más pequeñas que suponen una reserva de aire adicional. En general, el conjunto es muy estable; algunos modelos de tamaño superior son capaces de soportar pesos de más de 150 kilos.

     Como se ve, se trata de un neumático de gran porte (similar, cuando no igual, al de una rueda de camión) revestido de un forro de nylon. Dicho forro está diseñado para adaptarse a las exigencias de la pesca, y dispone, básicamente, de asiento (regulable en ciertas marcas y modelos), respaldo, bandeja y bolsillos para el equipo. Todo ello debe completarse con un par de aletas adaptables al vadeador, que son el verdadero motor de este singular accesorio. Ultimamente, los fabricantes han ideado además toda una serie de complementos auxiliares que hacen aún más cómodo y eficaz el ejercicio de la pesca, como hinchadores de oxígeno comprimido, sistemas de anclajes, sistemas de transporte del flotador inflado, adaptadores para motor eléctrico, para ecosondas…. ¡incluso para la lata de refrescos!.

El equipo de a bordo.

     Una de las particularidades que más apreciamos los amantes de este artilugio, cada día más numerosos, es la fácil accesibilidad a cualquier material del equipo que se pueda necesitar. Los bolsillos de los flotadores suelen ser además lo suficientemente grandes como para albergar gran cantidad de cosas. Casi todos los modelos de cierta calidad incluyen un gran bolsillo superior que permite introducir grandes bultos (ropa seca de repuesto, un chubasquero, alimento sólido y líquido) y que los más prudentes pueden utilizar, indistintamente, para portar otro pequeño neumático de reserva. Si, aún así, les sigue atenazando la inseguridad, pueden acoplarse un chaleco salvavidas o unos tirantes de inflado automático, que son obligatorios en muchas aguas norteamericanas.

     Todo navegante que se precie debe incluír también en su equipo una llave de válvula y varios gusanillos de repuesto, dado que estos últimos se pueden perder fácilmente durante su manipulación.

Belly Boat

     Hay modelos de flotadores, sin embargo, que no incorporan cámaras neumáticas, sino plásticas, de PVC o similares. Estas cámaras pueden inflarse incluso a pulmón, pero son más fáciles de pinchar que las de goma; en su caso, es conveniente llevar algún tipo de reparador rápido de plásticos por si se produce un accidente indeseable. Este material, además, acusa mucho el exceso de temperatura, y puede ocasionar graves problemas en el peor de los momentos. ¡Ojo con él!. Y si, finalmente, ocurre lo peor, un pequeño flotador de juguete, de rápido inflado, puede ser la solución. ¿El desenlace fina?. Aparatoso, pero feliz.

En ríos, lagos, lagunas y embalses.

     Los diseñadores de este producto, en su manual de instrucciones de uso, aconsejan encarecidamente no utilizarlo en aguas movidas por motivos obvios: en ellas el flotador queda a merced de la corriente y pueden convertirse en una trampa peligrosa; no tanto por las turbulencias que pudieran desestabilizarlo como por los posibles obstáculos sumergidos, que podrían provocar un imprevisto y desagradable accidente. Por ello, los norteamericanos, que tienen un acusado sentido de la prevención, ya legislaron debidamente este tema. Aquí, por el contrario, probablemente debido a su escasa difusión, no existe aún una uniformidad de criterio (cuando la hay) en los legisladores, algunos de los cuales están haciendo valoraciones contradictorias que mantienen confundido e inseguro al aficcionado.

     Al margen de este hecho, al que ya empezamos a estar acostumbrados los pescadores, es evidente que el flotador ofrece grandes posibilidades de pesca en todo tipo de aguas mansas (lagos, lagunas, embalses y tramos lentos de los ríos), y si bien es cierto que no está concebido para realizar grandes desplazamientos, sí que puede manejarse en espacios relativamente amplios, aunque esto depende más de las energías y la voluntad del patrón que de su mero diseño, muy poco hidrodinámico.

     Un flotador al uso es perfecto para pescar a lo largo de las orillas, de dentro hacia fuera, y espanta menos peces que el pescador que camina por ellas. Es ideal para pescar así basses y lucios en los tramos lentos y profundos de los ríos, en  las charcas y en los innumerables embalses que los albergan; para tentar a las carpas y demás ciprínidos que se alimentan en superficie en todos esos lugares durante los meses estivales; para arrimarse, cuando la ley lo permita, a esas truchas que se ceban alejadas de la orilla en los embalses y en los lagos de alta montaña, o presentarles un señuelo a buena profundidad… En definitiva, para conseguir todo esto, y mucho más, sin la servidumbre que conlleva una embarcación, por pequeña y manejable que sea, y con el único hándicap cierto de la lentitud del desplazamiento, muy deportivo y saludable, por cierto.

Pescar con mosca desde el flotador.

     Pescar con mosca, con el equipo ortodoxo, desde un “float tube” es un ejercicio de moderación, discreción y relajación. De hecho, una vez que se han asimilado sus principios básicos de funcionamiento, es decir, una vez que se aprende a desplazarse con las piernas semiextendidas y a girar con un movimiento de cintrua, apenas quedan motivos para sentirse tenso en el asiento; muy por al contrario, uno llega a sentirse agradablemente listo para la acción. En esencia, pescar con mosca en flotador es igual que hacerlo sin él, o al menos debería serlo. Sin embargo existen algunas peculiaridades que son exclusivas de esta modalidad. El lanzado, por ejemplo, debido a la proximidad del agua, puede convertirse en un inconveniente; no ya porque se haga difícil, sino porque mal ejecutado puede provocar un incidente con el anzuelo de la mosca, sobre todo si es grande y afilado. Este tipo de pinchazos es muy infrecuente, pero deben intentar evitarse. ¿Cómo?. Inclinando y elevando los lances para desviar la trayectoria del loop y apartar lo más posible las pasadas de la mosca. La ley del codo pegado, obviamente y con premeditación por el pescador con flotador. Uno de los servicios más útiles que presta el flotador es el de la bandeja. Esta parte se usa para manipular y medir a los peces, para realizar todo tipo de manualidades con el equipo, e incluso para atar moscas, pero también debe servir para depositar la línea sobrante en acción de pesca, especialmente si es de hundimiento. Dichas líneas pueden ocasionar problemas insuperables si se enredan en un obstáculo a cierta profundidad, hasta el punto de tener que sacrificarlas irremisiblemente. Las línea de flote no provocan este trastorno, pero en algunos modelos de asiento regulable, suelen engancharse en las correas y también causan dificultades, aunque de mejor solución.

     El clavado desde el flotador ha de ser algo más enérgico que el ordinario, ya que el hecho de estar situado en un punto de apoyo como éste, especialmente móvil y ligero, suele amortiguar ligeramente los movimientos para clavar.

     Finalmente, esta singularísima forma de pescar multiplica las sensaciones que se perciben durante la pelea con el pez, sea de la especie que sea. Estar permanentemente suspendido en la película superficial (los que utilizan el flotador son “emergentes de pescador”) te hace a veces dudar de tu procedencia. Son momentos en los que, de alguna manera, perteneces por completo al medio acuático. Los aromas, los sonidos, la especial paanorámica, el cercano y constante tacto del agua…. ¡Todos los sentidos se licúan!.

El Formato: ¿Cerrado o Abierto?

     

Uno de los pocos fastidios o incomodidades, que implica el uso del flotador convencional ocurre en el momento de salir del agua, especialmente sobre orillas de marcada pendiente. En las márgenes verticales de cierta profundidad es poco menos que imposible salir de allí con el flotador acoplado; la obligatoriedad de avanzar hacia atrás, por culpa de las aletas, impide además cualquier posibilidad de maniobra. A menos que se pueda levantar el flotador, con todo el equipo incluído, y se logre elevar por encima de la cabeza, lo cual es más que complicado, es imposible salir sin poner en peligro la integridad física, la estética o, cuando menos, la dignidad de pescador. Y algo parecido, aunque en menor medida, sucede al entrar en el agua: hay que hacerlo… “con el flotador puesto y reculando”.

     Para evitar este trance indigno nacieron los flotadores abiertos. Con ellos se elimina este inconveniente, dado que permiten entrar y salir dentro del agua sin ningún esfuerzo ni complicación. Estos flotadores en “U” (también los hay abiertos en “O”) suelen incorporar esas cámaras de material plástico, más perecederas. No obstante, gracias a ello, algunos permiten el inflado a pulmón merced a un sistema de válvula extralarga que se puede usar bucalmente; las cámaras neumáticas, sin embargo, precisan un inflador de pedal o pequeño compresor eléctrico, de los que se enchufan en el encendedor del auto. Los abiertos son flotadores más ligeros que los cerrados y bastante más hidrodinámicos, lo cual aumenta ligeramente la “velocidad de navegación”. Además, permiten aletear más cómodamente. Por contra, son algo más incómodos cuando hay que apoyar los antebrazos en la barra estabilizadora, especialmente para descansar los brazos y los hombros en acción d epesca; algunos modelos no llevan esta barra de estabilidad.

    

Por todos estos motivos, los flotadores abiertos son sensiblemente más caros que los otros. En el mercado español, a través de las principales empresas de venta por catálogo, se pueden adquirir ya las dos variantes. Este tipo de complementos para la pesca han venido evolucionando constantemente desde su aparición. Primero surgieron los “tubos” cerrados, luego los abiertos en “O”, y posteriormente los que son en forma de “U”. Actualmente hay a la venta un modelo superior bastante más complejo, en forma de catamarán, son bastante más caros, y este año ha aparecido un flotador en el mercado estadounidense, presentado como el más innovador y revolucionario, en forma de triángulo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *